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¿Qué es un PLE?


PLE es el acrónimo de Personal Learning Environment o Entorno Personal de Aprendizaje, y es una palabra que se viene utilizando para referirse al conjunto de herramientas, servicios y conexiones que empleamos para alcanzar diversas metas vinculadas a la adquisición de nuevas competencias.

PLE no es una aplicación o plataforma, sino es un enfoque de aprendizaje, una manera de entender como se aprende de la manera 'no formal', en un entorno donde te fijas tus propios objetivos, escoges tus maestros, herramientas y los contenidos que quieres aprender.

PLE no es una manera de enseñar, sino es una manera de aprender, es la posibilidad que nos da internet de utilizar un conjunto de herramientas gratuitas, recursos, fuentes de información y contacto con personas para aprender y desarrollarnos en nuestra vida diaria.

Según Jordi Adell un PLE tiene tres partes:

1. Las herramientas o aplicaciones
2. Los recursos o fuentes que es toda aquella información que nos parezca interesante para nuestra formación.
3. Las personas con las que mantenemos contacto (Personal Learning Network) y con las que podemos intercambiar información directamente en las redes sociales o ágoras virtuales.

En un PLE se espera que participes activamente, que seas un consumidor y productor de información (prosumer), y donde tienes que procurar dar tanta información como tomes, es un entorno en el que tienes que buscar construir relaciones de confianza que puedan contribuir con tus expectativas.

Los PLE son útiles para gente que reside en la red y no tanto para la gente que sólo visita. (Visitantes y Residentes: Una nueva tipología para el usuario digital)


Si deseas ampliar tus conocimientos en el tema te recomiendo descargar el libro de Jordi Adell y Linda Castañeda.


Reseña | El poder mediático


El libro es el resultado del conversatorio sobre el poder mediático en el Perú que se realizó en el Centro Cultural de San Marcos con la participación de especialistas en el campo de la comunicación social, principalmente en el periodismo y las nuevas tecnologías como: César Hildebrandt, Héctor Béjar, César Lévano, Juan Gargurevich, Winston Orrillo, Alberto Adrianzén y Gorki Tapia, quienes pretenden poner al descubierto a los nuevos dueños de los medios de comunicación en el Perú, revelar cómo se concentra el poder, cuál es la diferencia entre un grupo de poder económico y un grupo de presión política, cuál es el significado de la libertad de expresión y de información, y sobre todo, cómo se mueven los hilos de la manipulación en los medios.

Héctor Béjar en su disertación sobre el poder mediático y la manipulación ideológica sostiene que los medios dejaron de ser hace mucho tiempo vehículos de propagación de ideas, es decir, no cumplen un rol ideológico; aunque rigurosamente no se puede afirmar lo contrario, lo claro es que la ideología es una invención parcial o total del «mundo real» donde los medios cumplen el rol de convertir las ideas del grupo dominante en sentido común para ejercer su control sobre la sociedad. Y ¿cuál es la ideología del grupo dominante? ¿quiénes son sus enemigos? ¿de ahí que los medios se convierten en los mastines del poder? Sin duda son preguntas que necesitan una re-visión para que los medios vuelvan a ser controlados por la sociedad y no por los grupos de poder.

De manera parecida, Alberto Adrianzén cree que el problema fundamental en el país es la ausencia de una labor de fiscalización y de control ciudadano sobre los medios de comunicación, como se da en otros países. Hoy se habla mucho de libertad de prensa, pero se habla menos del derecho que tiene la gente de estar informada, tanto que, los medios y periodistas —no todos obviamente— manipulan (omiten información), «maquillan» y mienten de manera encubierta bajo el rótulo de libertad de prensa que no es lo mismo que libertad de empresa. Entonces, se convierte en una tarea ciudadana el hacer una lectura reflexiva de los medios para darse cuenta qué cosa buscan mediante sus campañas mediáticas.

César Hildebrandt es gráfico al explicar que cada día hay más periodistas que están convencidos de que su papel es informar. Dice: “Ellos creen que informan. No tienen la menor idea de lo que están haciendo. Ellos informan lo que su jefe de redacción quiere que informen, y el jefe de redacción informa lo que el director decide que se informe, y el director tiene un teléfono rojo con el presidente del directorio, que, a su vez, tiene dos teléfonos rojos con los que ponen el billetón, y los que ponen el billetón obedecen a un directorio fantasma en Islas Bermudas (…) todo es un tejido universal de poder, y, claro, si uno no cuestiona nada de eso se convierte en parte de eso, y ese es, digamos, el gran sueño del sistema”.

Todo indica que en la prensa hay una nueva definición sobre noticiabilidad que se aplica descaradamente, noticia es aquello que el dueño cree que es noticia, es decir, aquello que el propietario cree que es noticia. En su ponencia Juan Gargurevich hace un repaso histórico sobre las cadenas de diarios en el Perú desde Correo (1962) del entonces empresario pesquero Luis Banchero Rossi hasta el poderoso Grupo El Comercio de Los Miró Quesada que hace poco levantó polvareda al comprarse no sólo Correo sino a todos los diarios de EPENSA (Correo, Ojo, Ajá, etc.). Entonces sería bueno plantear la pregunta de Noam Chomsky ¿dónde terminan los derechos de las corporaciones? De hecho, la pregunta ya suena subversiva en algunos países.

A propósito de Luis Banchero, Winston Orrillo en su ponencia nos recuerda que cuando el empresario se hizo muy rico con el negocio de la pesca, se dio cuenta, al mismo tiempo, que necesitaba el uso de medios para conseguir más poder, es así como fundó Correo, a nivel nacional: toda una cadena periodística. ¿Y fundó ésta por su profundo amor, por su vocación de diálogo comunicativo entre los peruanos? No. Lo hizo para defender sus intereses. Pues de inmediato constituyó la llamada Célula Parlamentaria Pesquera, con los parlamentarios que había auspiciado desde su cadena periodística. Los que le devolvieron favores con numerosas leyes que exoneraron de impuestos a la pesca. ¡Buen negocio!

Si los medios de comunicación y la prensa constituyen el cuarto poder ¿quiénes son el quinto? ¿quiénes fiscalizan a los medios? Gorki Tapia en su disertación sigue la línea de análisis de Ignacio Ramonet quien piensa que hay que apostar por una prensa independiente, alternativa, que él llama el quinto poder, porque el cuarto poder es incorregible al punto que está imbricado con el poder político y económico. Sin embargo la visión de Ramonet va mucho más allá, él considera que hoy las sociedades democráticas necesitan un activismo social que cuestione el funcionamiento de los medios, los ciudadanos tienen que apoderarse de la crítica para construir una especie de contrapoder a los medios en la medida que estos no están cumpliendo su papel.

Finalmente César Lévano, ensaya una reflexión sobre la crisis de valores en la comunicación social a partir de su experiencia como hombre de prensa y resumida brillantemente en el pentálogo que el alemán Michael Abend propuso en un seminario de científicos y profesionales de la comunicación. Él lo llamó Ética de la Profesión. Dice así:

1. No debes mentir
2. No debes callar ni exagerar
3. No debes aburrir
4. No debes ser complaciente ni sumiso
5. No debes ser acomodaticio

Sin duda alguna, el libro es un aporte valioso para el debate sobre el poder de los medios de comunicación en el Perú, un esfuerzo plausible por «desnarcotizar» del Cuarto Poder a los lectores. Los ciudadanos, por su parte, deben tener una mayor necesidad de desalinearse, deben tomar conciencia sobre cómo le hacen el juego al sistema con su pasividad, con su indiferencia, con su desprecio por lo serio, porque ¡claro?, —y sin el ánimo de generalizar— es más entretenido confesar si eres fan de las «cobras» o de los «leones» de «Esto Es Guerra» a conversar sobre un tema serio, eso aburre, las complejidades aburren, pensar fatiga, cuestionar amenaza, que vuelva de una vez Magaly a la televisión. Entonces, cuidado, crear conciencia es trabajar rebeldía.

¿Qué alternativa nos queda? Sólo pelear, primero por internet y después por la prensa alternativa. La sociedad y sus ciudadanos no deben renunciar a su derecho de fiscalizar los medios de comunicación. César Hildebrandt no tiene la menor duda que llegando al filo del abismo, la humanidad va a regresar. Tiene la confianza de que, asomándose al abismo —ya estamos cerca— la humanidad va a reaccionar como humanidad. En la película The Fifth Estate de Bill Condon sobre el fundador y editor de WikiLeaks, Julian Assange, se dice que si quieres la verdad, debes buscarla tú mismo. A eso es a lo que le temen, a ti. Tú eres el quinto poder. El poder ciudadano.

Poder Mediático. Béjar, Adrianzén, Hildebrandt, Gargurevich, Tapia, Orrillo y Lévano: Fondo Editorial de la Universidad de Ciencias y Humanidades, 2008. 144 páginas.

Andrinik Huaytalla Ramos
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Reseña | Industrias culturales: máquina de deseos en el mundo contemporáneo

El libro es el resultado de las ponencias presentadas en el seminario “Industrias culturales: máquina de deseos en el mundo contemporáneo” donde se encuentran 18 trabajos agrupados en 6 capítulos que se aventuran por 3 avenidas distintas. La primera –sin duda la más recorrida– es la crítica a los infames niveles de degradación humana a los que puede llegar la «cultura show». La segunda es la observación de la significativa vigencia de una producción simbólica no mercantilizada, especialmente en el mundo popular. Y la tercera es la consideración de la incipiente rebelión en la cultura que se produce como mercancía.


La obra es bien justificada puesto que, en la época contemporánea, es de notar que el sujeto no se forma ni exclusivamente en la familia ni en el colegio sino, fundamentalmente, viendo televisión, escuchando música, leyendo revistas y periódicos; se forma a partir de las imágenes de la publicidad y de los estereotipos cinematográficos, etc. Por ello en el texto se apunta que las industrias culturales definen buena parte del significado colectivo y pueden entenderse como las máquinas ideológicas encargadas de producir deseos acordes con el espacio significativo de valorización del capital.

El lector asume que el libro tiene como propósito analizar algunas de estas formas de producción narrativa bajo el epígrafe «la cultura como mercancía» es decir, se busca analizar los productos culturales ya no como «obras de arte» o como quehacer de «grandes autores», sino como simbolizaciones devenidas en cosas que encubren que su valor existe únicamente como producto social. Se opta por entender a las «industrias culturales» como dispositivos de producción de subjetividades y como agentes centrales en la reproducción social.

Bajo sugerentes rótulos en los capítulos se insinúa que el «goce» es el comando orientador vigente en la subjetividad contemporánea, es el escape inmediato en un mundo que sufre de males psíquicos inéditos que tienen que ver con el stress, el rendimiento, el éxito y el vacío que empuja al sujeto a buscar un refugio narcisista donde el «yo» y «mi éxito» es más importante que el resto. Todo esto parece ser parte de una cultura individualista, desprovista de solidaridad y esperanza, pero que no es trágica, sino cool, donde se multiplica el consumo porque la regla es pasarla bien.

A partir de esa idea en el libro se analiza a la telenovela y su rol en la formación de una identidad, de sobremanera en Latinoamérica que es considerada no sólo una región geográfica, sino un área culturalmente construida, donde lo audiovisual predomina y donde cada vez hay menos espacio, por ejemplo, para un cine hecho en el Perú desde sus matrices culturales porque el entretenimiento –casi siempre estadounidense– encamina a los cineastas hacia un cine quizá no único, pero sí ampliamente estandarizado arrinconando a los cines singulares a un estrecho espacio entre el mainstream hollywoodense y la telenovela estándar donde lo divertido y lo fugaz priman, sin caer en complicaciones y en la estética de lo sublime.

Dentro de los temas que se aborda en el libro, se incluye el análisis de los telenoticieros y la prensa chicha que constituyen el bastión del sensacionalismo porque hacen de la información una fuente de entretenimiento, distorsionan, manipulan la representación de la realidad en función de complacer las demandas de un público cada vez más «acrítico» y ávido de obscenidad. Sin embargo, otros análisis como el de los jóvenes usuarios de Internet, el sistema «pirata» de fotocopias en los campus universitarios, así como los oyentes de música folclórica y los espectadores de películas hindúes, plantean un re-visión de esta mirada pesimista al receptor, que no por ello deja de ser realista.

El libro trata entonces de dar cuenta cómo se consolidan los imaginarios sociales desde productos sociales específicos, el turismo es otro buen ejemplo de cómo se construye una identidad a partir de historias y vestigios que necesariamente no están correlacionados con los valores e identidades culturales de una nación, en todo caso implica un proceso de «disneyficación» del pasado listo para ser comercializado. En el texto se sostiene que las industrias culturales son las encargadas producir la «educación sentimental» donde se moldean los valores e ideologías sociales, y donde la publicidad (incluso la «anti-publicidad») es una herramienta indispensable.

De fondo, y sin restar méritos, los autores del libro más allá de retratar las industrias culturales en Latinoamérica, reducen el Perú a Lima, olvidando en casi todos los análisis lo pluri-singular que es el país y (algunos) utilizando ambiciosos títulos en sus trabajos como “la construcción del cine peruano” que por su análisis mejor podría llamarse “la construcción del cine limeño”. Sin embargo, la amplitud con que se abordan los temas como el análisis de la representación de la identidad latina en Ugly Betty o la identidad en comerciales de la televisión chilena, podría constituir para algunos lectores el principal punto débil de la obra y para otros todo lo contrario.

De forma, el título del libro es acertado, su prólogo es preciso y sus contenidos en forma de diálogos son significativos, de buena dicción, de fácil lectura y a momentos de espesa información, el libro va dirigido (por su estilo) a una audiencia especial así como el seminario en el que fue concebido. Las limitaciones giran en torno –para el gusto de muchos lectores– a su pobre evidencia foto-gráfica que hubiera sumado al análisis, por ejemplo, en los capítulos sobre el arte e industrias del entretener, la invención turística en el Perú y la construcción del deseo en el discurso publicitario. En conclusión, y de modo global, los análisis de Adriana Arista, Christian Bernal, Guillermo Cortés, Marita Hamann, Alexandra Hibbett, Santiago López, Félix Lossio, Nelson Manrique, Gabriela Núñez, Tilsa Ponce, Gonzalo Portocarrero, Javier Protzel, María Quiroz, Rocío Silva, Antonio Stecher, Juan Ubilluz, Marcel Velázquez y Víctor Vich constituyen un aporte valioso para el debate sobre las industrias culturales como máquinas de deseos en el mundo contemporáneo, un esfuerzo plausible por comprender de manera panorámica la producción de lo simbólico en forma de mercancía.

Industrias culturales: máquina de deseos en el mundo contemporáneo. Ed. Santiago López Maguiña. Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2007.

Andrinik Huaytalla Ramos
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